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La escuela rural. La huella que se borra

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Indice del artículo
La escuela rural. La huella que se borra
Sobre el Magisterio del futuro
La ILE y la Escuela Rural
Los comienzos del siglo XX
La escuela ilusionada
Cuando se secan las esperanzas
Cómo citar este artículo
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Resumen

El profesorado de ahora en la zona rural. Opiniones, carencias, necesidades. Qué hay en la actualidad tras el término Escuela Rural. La escuela de pueblo en el siglo XIX. Sus recursos materiales y métodos. El rol del Magisterio. La ILE y su atención y referencias sobre la Escuela Rural.Escuelas rurales al comenzar el siglo XX. Medidas a favor de la Escuela Rural en la política educativa de la II República. El retroceso de la postguerra. Algunas experiencias personales. Lo que queda, el reflejo de aquel modelo de Escuela y Magisterio en la oferta museística actual.

 

De un congreso que, con el título de Escuela Rural en Aragón, se celebró en Alcorisa (Teruel), recién estrenado nuestro siglo, en abril del año 2000,  querría citar alguna de las conclusiones extraídas como punto de partida para este trabajo que hago con el título  impreciso y vago ahora de La Escuela Rural y, en cambio, con lo claro de la afirmación  de La huella que se borra.
Recojo solamente lo que me parece más significativo y que después de leer este trabajo espero sitúe mejor en la realidad y en el salto cualitativo experimentado.
Las conclusiones van a dejar entrever cómo algunas dificultades, carencias y especificidades, más o menos claras y explicitadas, siguen latiendo por trascender y  perpetuarse  a lo largo del tiempo.

OPINIONES DE AHORA MARCANDO NECESIDADES

Adecuar los materiales curriculares y recursos didácticos a la realidad del medio rural.
Elaborar materiales y recursos didácticos que vayan dirigidos de forma específica a la Escuela Rural.

SOBRE EL MAGISTERIO DEL FUTURO

Adecuar la formación de los futuros maestros a la singularidad de la Escuela Rural que, posiblemente, será su primer destino profesional, “su primera Escuela para aprender a enseñar y enseñar a aprender”.
Priorizar una formación general sobre una formación excesivamente especializada en los futuros Maestros de la Etapa de Primaria.
Posibilitar que los futuros maestros realicen prácticas en ámbitos rurales, especialmente en aquellos centros que desarrollen actividades de innovación educativa todo ello con reconocimiento académico y ayudas económicas para el desplazamiento, alojamiento y otras.

SOBRE EL MAGISTERIO QUE EJERCE EN LA ZONA RURAL

Promover y posibilitar el acceso del maestro en tiempo lectivo a las diferentes ofertas de formación, Universidad, Administraciones, Empresas y otras instituciones.

SOBRE LOS ALUMNOS Y AULAS

Aumentar los recursos informáticos y aprovechar las herramientas informáticas como fuente de información y acercamiento a la “sociedad del conocimiento”

SOBRE LA SOCIEDAD Y DESARROLLO EN EL MUNDO RURAL

Estimular la permanencia, estabilidad y participación del profesorado en el medio rural con medidas compensatorias positivas.
Reconocer el papel que juega la Escuela Rural como motor de desarrollo y espacio en el que se desarrollan experiencias innovadoras.
Estimular que las administraciones locales realicen un adecuado mantenimiento de los edificios escolares y faciliten que un maestro pueda vivir en la localidad.
Incorporar al maestro en la dinámica de la sociedad en que está inserto.

Estas conclusiones que entresaco del conjunto tienen una densidad y una carga de realismo y sentido común que no necesitan, creo, de más comentarios.

Reconozco  que al iniciar este trabajo me surge desde el principio una duda y dificultad. Porque ¿qué debe entenderse ahora, en este nuevo tiempo, por Escuela Rural? ¿Cómo definirla o delimitarla? En definitiva, ¿qué modelo de Escuela debe identificarse actualmente con este término, por otra parte tan frecuentemente utilizado?

Lo “rural” debe tener unas connotaciones y dimensiones  diferentes según el entorno geográfico en el que se utilice el término.
Lo poblacional, lo económico, la orografía y las comunicaciones, lo climático, el mismo apego a costumbres y tradiciones establecen similitudes y afinidades  en diferentes partes de nuestra geografía que ni se conocen ni se ponen en común suficientemente, dada la compartimentación actual de lo educativo.

En la fraseología popular se marcan y hasta estigmatizan zonas, más duras y desfavorecidas, en algunos de nuestros territorios. No se si se da la misma experiencia en otros de las distintas comunidades.
“De Lobera, (un pueblo escondido en el norte de la provincia de Zaragoza)  no me traigas nuera”, se dice todavía. De otro de muy parecidas características y también de la comarca, Longás, se dice. “Una  vez irás y no volverás”…
También en el Altoaragón hay frases que marcan especialmente algunas zonas geográficas. “Aso, Yosa y Betés, Dios te libre de los tres”.

Los factores y condicionantes que influyen en ese  sentirse bien o mal profesionalmente son tantos, desde luego, que sería un error y hasta una posible injusticia hacer generalizaciones en cuanto a la calificación de cualquier pueblo o territorio.

Pero habrá que poner como una frontera o “muga” para marcar lo que yo al menos creo entender por Escuela Rural, término, que como he dicho antes, ha sido excesivamente usado, y hasta sobredimensionado en  Foros, actividades realizadas por  MRPs, y  motivo de existencia,  por ejemplo, de grupos de trabajo y seminarios permanentes todavía  en los actuales Centros de Profesores y Recursos.

Casi me atrevería a afirmar que de esa idea de Escuela Rural que yo tengo actualmente apenas puede hablarse.
Los actuales CRAs, Centros rurales agrupados,  pretenden a veces ser entendidos como unos colegios en que  las aulas son los distintos pueblos y los pasillos  las   carreteras por donde diariamente deambulan, a veces jugándose la vida, los profesores  especialistas itinerantes.
No me acaba de convencer esa especie de  “urbanización” virtual de lo “rústico” en lo escolar ni que la experiencia de reconversión sea tan exitosa como a veces pretende venderse.

Tampoco debe entenderse que los problemas y carencias que ese modelo escolar tenía hayan desaparecido. Ahí están las anteriores conclusiones.
Pero las vías de comunicación actuales, las clarísimas mejoras económicas de los docentes y  sobre todo el hecho de no vivir casi nunca en el mismo lugar donde se ejerce, han eliminado muchos de los condicionantes y especificidades de este trabajo en los pueblos.Evidentemente los problemas y necesidades de ahora son de muy distinta naturaleza.

La Escuela pues a la que me voy a referir ha desaparecido, porque han desaparecido muchos pueblos, o queda,  de manera testimonial, en esos grupitos de alumnos que todos los días cogen el autobús para ser atendidos en algún CRA.
El tránsito y la transformación casi siempre traumática en cualquier  geografía regional de una sociedad rural-agrícola a otra urbana-industrial ha trastocado todo, ha arrasado formas de vida y culturas tradicionales, el método y estilo de transmitir saberes, hábitos y valores de un modelo de Escuela y las condiciones y vivir de este Magisterio.



 

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