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La Higiene en los libros de texto de enseñanza secundaria en España 1868-1936

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Indice del artículo
La Higiene en los libros de texto de enseñanza secundaria en España 1868-1936
Aproximación al análisis de los textos
Autores, aspectos formales y didácticos de los textos
Concepto de higiene
Clasificación de la higiene
Contenidos en los libros de texto
Diferencias de género y connotaciones morales
Conclusiones
Notas y referencias bibliográficas
Cómo citar este artículo
Todas las páginas

Resumen

Este artículo es el fruto de una investigación sobre los distintos libros de texto de Higiene que se utilizaron en los institutos de enseñanza secundaria, desde 1868 hasta 1936. En sus distintos apartados se analizan, fundamentalmente, los aspectos de fondo, basados en la influencia de las corrientes ideológicas en la concepción de diversas formas de clasificar y valorar la Higiene. También se abordan los aspectos formales, tales como: tipo de portadas, ilustraciones, ejercicios prácticos, clasificación y organización de los contenidos.

 

Introducción

“La higiene es el arte de conservar la salud, de perfeccionarla y de precaver las enfermedades”[1], por lo que puede considerarse como “la medicina del porvenir”. Éstas son algunas de las muchas definiciones, que se han hecho sobre la higiene, desde la segunda mitad del siglo XIX en España, en las que básicamente coinciden todos los autores, que han escrito sobre la materia. Algunos matizan aún más, indicando que “su conocimiento debe generalizarse como el de la física, la química y las matemáticas, pertenece a las masas como la religión y la moral” [2] .

La palabra higiene está estrechamente relacionada con el concepto de salud desde su propia raíz etimológica, la palabra griega hygieia, cuyo significado es salud. Se ha considerado, no sólo como el “arte” de conservarla, sino también –y esta es la opción que prevalecerá desde inicios del siglo XX- como la “ciencia” de la salud. Desde esta perspectiva se ha considerado como una rama de la medicina, que además ha establecido “los preceptos, que deben observarse para que los organismos funcionen normalmente y hasta mejoren su funcionamiento”[3]. Pero los objetivos perseguidos con la divulgación de la higiene, como se desprende de las líneas anteriores, no cubrían únicamente las cuestiones físicas, sino que alcanzaban también a lo espiritual, a la “salud del alma”, por lo que su conocimiento implicaba también dimensiones morales y psicológicas, puesto que sus usos y diferentes discursos estaban interiorizados en las sociedades a lo largo de la Historia.

Las afirmaciones iniciales sobre la consideración de la higiene nos ayudan a argumentar que, sin duda, higiene, salud y educación han estado unidas desde los orígenes de la humanidad, aunque obviamente esta relación tan estrecha ha revestido formas e intensidades distintas. Diferentes autores han puesto de manifiesto que la higiene se ha considerado, desde las civilizaciones más antiguas, como un elemento importante en la vida de los pueblos, unida, en muchos casos a los preceptos religiosos y morales y estando también presente en la legislación, ya que los gobernantes de distintas épocas y sociedades han considerado la salud de los pueblos como uno de los principales bienes sociales [4]. De ahí la necesidad de difundir su conocimiento a través de diversas vías de educación, que llegaran a todos los sectores de la población. Por lo que también higiene y educación han discurrido unidas a lo largo de los tiempos. Teniendo un primer impulso en la etapa del Renacimiento, el antecedente inmediato a la masiva difusión educativa de la higiene, estaría en los proyectos emprendidos por el reformismo ilustrado del siglo XVIII, aunque será en la segunda mitad del siglo XIX y, sobre todo, durante el primer tercio del siglo XX, cuando arraigue con fuerza, impulsado por el movimiento higienista y de medicina social, que se desarrolla durante ese periodo de tiempo. Las consecuencias sociales y económicas de la industrialización, así como los avances en medicina y el desarrollo de ciencias como la pedagogía y la psicología experimentales y la sociología, así como de los movimientos relacionados con la eugenesia, el naturismo o el escultismo, serán, entre otros, factores determinantes del desarrollo de la corriente higienista y de la configuración de la llamada “higiene escolar”. Además. Durante la época de “entresiglos”, se consideró fundamental la difusión popular de las principales normas higiénicas, como medio de erradicación de enfermedades y sobre todo de la mortalidad infantil, que alcanzaba , por aquellos años –en los que despuntaban los estudios demográficos- alarmantes índices numéricos, especialmente en los primeros años de vida. Corroboran nuestras afirmaciones las palabras de A. Viñao, quien ha señalado al respecto que[5]:

“La aparición del movimiento higienista a mediados del siglo XIX, los cambios sociales y educativos ligados al proceso de escolarización, que tuvieron lugar en dicho siglo y en la primera mitad del siglo XX, y el estudio científico de la infancia, desarrollado en el periodo de entresiglos, propiciaron la creación de sociedades y nuevas profesiones o especialidades profesionales, la proliferación de revistas, libros y folletos y la celebración de congresos, así como la aprobación de disposiciones legales sobre estos temas y la acción pública y privada”.

En el contexto señalado, el higienismo constituyó un movimiento internacional, con diversos orígenes y ramificaciones en los ámbitos médico-sanitarios y sociales. Pedro. Luis. Moreno y Antonio Viñao han señalado con precisión las líneas básicas del movimiento, al constatar sobre el mismo que[6]:

“…Tomando como eje de sus preocupaciones la salud física y mental de los seres humanos, planteó nuevas propuestas de acción y regulación en el campo del urbanismo y de la vivienda, en los hábitos alimenticios-incluidos sobre todo el alcohol y el tabaco-, la vestimenta, los modos y ritmos de vida y de trabajo, las costumbres en general y, en especial, la procreación, crianza y educación infantil. De este modo, a partir de presupuestos higiénicos, se pretendía regular la vida de los individuos, de las familias y de los grupos sociales en toda su amplitud, aunque la escuela y la familia constituyeran, desde su inicio, dos de los lugares privilegiados de intervención del higienismo”.

Tras estas consideraciones, es obvio señalar que la higiene se introdujo en la escuela, en los distintos niveles de enseñanza, como ámbito de conocimiento específico, incardinado en el sistema educativo. Los preceptos higiénicos que, hasta ahora habían sido difundidos a la sociedad a través de diversas vías de educación no formal e informal, se introducen en la educación española del siglo XIX también por el cauce educativo formal. Así, desde el Reglamento General de Instrucción Pública de de 1821, pasando por la Ley Moyano de 1857, la Higiene ocupó un lugar en el currículum escolar español.

En este trabajo será objeto especial de nuestra atención el estudio de la higiene, a través de los manuales de texto, empleados para la enseñanza secundaria. A través del análisis de contenido de una serie de textos de segunda enseñanza de los siglos XIX y XX, intentaremos desvelar algunas características de este tipo de manuales, especializados en esta materia.

En primer lugar, es preciso señalar que, dependiendo de los distintos planes de estudio para la enseñanza secundaria, que han secundado nuestra historia educativa, durante los siglos XIX y XX, esta materia ha aparecido unida a otras ciencias afines, como por ejemplo, la Fisiología, las ciencias naturales o historia natural y la economía doméstica [7]. En concreto, en los planes de estudio de enseñanza secundaria, esta es una de las materias, que aparece y desaparece. Recogiendo la opinión de Mª Isabel Corts y Consuelo Calderón, la Higiene[8]:

“Contemplada en el plan de 1845, parece ser que cuando se incluye de manera real y definitiva es en 1868. A partir de ese momento y hasta 1936, permanece, al menos en los planes que tuvieron más vigencia, aunque en los fugaces o en los proyectos, en unos desaparecieron o en otros se refundiría con otras materias”.
Así pues fue en el plan de enseñanza secundaria de 1868 cuando apareció la Higiene como asignatura, unida a la Fisiología, con tres lecciones semanales. En el preámbulo del decreto, que promulgó dicho plan, se advertía que en los países más cultos la segunda enseñanza había sido objeto de ampliación y modificación, según el avance de las ciencias y artes, y que por ello se instaba a las Diputaciones provinciales a que organizaran la segunda enseñanza “introduciendo en ella ciertos estudios sobre materias, que habían sido frecuentemente olvidadas y aún despreciadas en la educación pública”.

Entre estas materias olvidadas se incluía el Castellano, olvidado por el Latín, la Psicología, el Arte, el Derecho, la Agricultura, el Comercio y la Higiene[9]. A partir de ese momento y hasta 1936, la Higiene permaneció en los planes que tuvieron más vigencia, aunque en los fugaces o en los que no pasaron de meros proyectos, en unos desapareció y en otros se refundió con otras asignaturas.