José Pedro Varela y el Patrimonio Escolar en el Museo Pedagógico de Montevideo

José María Hernández Díaz. Universidad de Salamanca
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Resumen

Nos planteamos la reflexión que sigue en torno a algunos de los aspectos del rico patrimonio escolar uruguayo, sobre todo del peso que en ello juega la aportación de José Pedro Varela. Es lo que compartimos en este breve texto con los interesados en el estudio del patrimonio escolar, y en un espacio tan específico como una revista especializada en este campo científico.

Introducción

Hace algunos meses tuvimos la oportunidad de realizar una estancia pedagógica de varias semanas en Uruguay, y en especial en Montevideo. Ello nos permitió una mejor aproximación a la atractiva cultura pedagógica de la República Oriental del Uruguay, visitar  y analizar varios centros escolares, adentrarnos de forma más motivada aún en la lectura de los clásicos de la pedagogía uruguaya (sobre todo José Pedro Varela y Carlos Vaz Ferreira). También gozamos de la ocasión de visitar de forma reposada el Museo Pedagógico de Montevideo, sus salas de exposición y colecciones, conocer varios de sus ricos fondos de material escolar, así como la excelente biblioteca pedagógica, con impresionantes colecciones de revistas educativas de la segunda mitad del XIX y todo el siglo XX, amplios fondos de manuales escolares. Por supuesto, las conversaciones con el personal especializado, sus directivos y personas de apoyo, fueron siempre entusiastas y muy provechosas.


1.- José Pedro Varela y la reforma escolar en Uruguay

Es bien aceptado por los especialistas en el estudio de la historia y la educación contemporánea de la República oriental del Uruguay, Arturo Rodao[1] en primer lugar y otros como Jorge Bralich[2], que José Pedro Varela es el principal artífice de las reformas educativas de fines del siglo XIX que sitúan a esta república sudamericana a la cabeza de la cultura, la educación y el bienestar de todo el continente, en la parte sur. En otras palabras, bajo la influencia y proximidad de Argentina y su gran prohombre educador, Domingo Faustino Sarmiento, nuestro José Pedro Varela (Montevideo, 1845-1879) emprende y orienta una atinada y profunda reforma escolar para Uruguay que viene a convertirle en el reconocido y gran organizador del envidiable sistema escolar uruguayo, vigente y exitoso durante varias décadas, hasta bien avanzado el siglo XX.

José Pedro VarelaVarela es un activo y entusiasta escritor, político, reformador de la educación uruguaya. A pesar de sus escasos 34 años, cuando muere, y en realidad 14 de vida pública activa, sorprende observar su infatigable activismo en todas las rutas que emprende, cómo participa en la vida pública uruguaya, cómo es respetado por adversarios y partidarios, cómo polemiza de forma constante y notoria en la prensa y en revistas literarias y de pensamiento, proponiendo revisar muchos tópicos literarios, sociales, educativos de la sociedad uruguaya de la segunda mitad del siglo XIX.

Los primeros años de su trayectoria se ven muy influidos por un viaje muy motivado que realiza a varios países europeos y a Estados Unidos, entre 1867 y 1868. Aquí es donde contacta personalmente con Sarmiento, de quien va a recibir amistad y consejos de todo orden, políticos y sobre todo culturales y pedagógicos. Pronto adquiere clara conciencia de que la mejora del gaucho, la extinción de la cultura y la barbarie pasa por la educación, que la ilustración del pueblo es la verdadera locomotora del progreso.

Junto a otros reformadores uruguayos crea en 1868 la Sociedad de Amigos de la Educación Popular, tomada como principal referente de su apostolado educativo, en versión desde luego laica y racionalista. Desde ahí participa muy activamente en la prensa y la vida pública, difundiendo los postulados de la educación para todos. En esos años escribe y publica "La educación del pueblo" (1874) y "La Legislación escolar" (1876), sus dos obras principales, pero también otros muchos escritos en forma de artículos, discursos, informes, conferencias, traducciones. Se consagra de forma apasionada a revitalizar la vida política, a través del instrumento principal que para él es la escuela del pueblo, la de todos los uruguayos. También, sometido a dura presión política padece exilio en Buenos Aires, donde vuelve a mantener nuevos contactos con Sarmiento.

Finalmente, a partir de marzo de 1876, José Pedro Varela va a ser el responsable de la Dirección de Instrucción Pública de la República Oriental de Uruguay. Será desde ahí desde donde impulsa y protagoniza la gran reforma escolar a que nos referimos, aportando un sólido bagaje teórico y político a partir de las dos obras pedagógicas ya reseñadas, y un compromiso infatigable por la causa de la educación popular de los uruguayos.

La idea central de su reforma escolar tiene dos puntos de apoyo. El primero pasa por difundir la educación popular,  completar y universalizar la escuela primaria por todos los rincones de la nación, y reorganizar el conjunto de su sistema educativo. El segundo es de carácter más cualitativo, buscando introducir en Uruguay una educación de carácter científico, racional, positivista frente a otros modelos tradicionales de corte teoricista, verbalista, doctrinario y para él de graves connotaciones y expresiones religiosas. En la confluencia de estas dos vías de actuación en su reforma escolar encontramos el sentido innovador de su obra teórica y práctica. Democratismo, obligatoriedad, gratuidad y laicidad de la escuela, junto a la introducción de la educación científica frente a la tradicional o clásica, tal como el lo denomina, forman las constantes de sus propuestas reformistas.

Es inútil recordar que tales iniciativas reformistas van a encontrar una feroz oposición de los sectores conservadores, y sobre todo del catolicismo. Pero no menos cierto es que esta corriente positivista, cientifista, aplicada a todos los niveles del sistema educativo, va a encontrar en Varela su máximo exponente y defensor, ahora desde las instancias del Estado, y con capacidad real de aplicación.

En palabras tomadas de Arturo Rodao, las dos obras pedagógicas más importantes de Varela:

La educación del pueblo" y "La legislación escolar" contienen el ideario, no suficientemente valorado todavía, sobre el que iba a reposar por largas décadas, la evolución nacional. Mucho más allá de una doctrina pedagógica de reforma de la escuela primaria, como tiende a vérsele, ese ideario configuró, a partir de dicha reforma, una verdadera revolución mental que recreó desde sus cimientos mismos a la nacionalidad uruguaya.


2.- La cultura material de la escuela según José Pedro Varela

De toda la obra escrita de Varela, a los efectos de interés de este epígrafe, nos vamos a detener en la lectura y comprensión del texto pedagógico más importante de todos, "La educación del pueblo". Su aportación a la cultura material de la escuela  y a la construcción de una escuela reformadora en Uruguay es más que suficiente para legitimar la elección de materiales de comparación que observamos en las colecciones y salas del Museo Pedagógico de Montevideo.

En la primera parte , titulada "Fines y ventajas de la educación", el autor se apoya en testimonios de pedagogos europeos y norteamericanos, principalmente de cultura anglosajona, así como en experiencias pedagógicas bien documentadas para argumentar los beneficios de la educación del pueblo: destruye los males de la ignorancia, aumenta la fortuna, prolonga la vida, disminuye la criminalidad y los vicios, aumenta la felicidad, la fortuna y el poder de las naciones.

Para la segunda parte de la obra, escrita bajo el epígrafe "Democracia y escuela", José Pedro Varela se apoya de nuevo en textos de autores procedentes de países desarrollados para explicar el contenido de la educación en democracia, la educación obligatoria, la educación gratuita, y cuestionar el significado de la enseñanza dogmática y la educación clásica, poniendo de referentes aquí "lo que sabe un inglés", la opinión de los alemanes sobre el clasicismo, y la enseñanza superior en Estados Unidos.

La tercera y cuarta partes van dedicadas a la escuela primaria elemental y superior, y son las que más interés y relación guardan con el tema que aquí nos ocupa. Siguiendo el desarrollo del currículo , que adapta también de modelos foráneos, Varela desgrana con  detalle todo lo relativo al modo, ritmo, metodología, sistemas de enseñanza, graduación, organización y disciplina, orden y tiempo de los estudios, exámenes de las materias que han de impartirse en las escuelas: lenguaje, lenguas extranjeras, aritmética, geografía e historia, moral y buenas maneras. Finalmente dedica páginas muy bellas a la introducción del método Froebel en los jardines de infancia, la importancia de las Escuelas Normales, las universidades y la educación de la mujer.

Pero antes, en el apartado quinto, que denomina "Instrumentos de la educación", José Pedro Varela dedica sugerentes reflexiones sobre cómo han de ser los nuevos y "científicos" edificios escolares, los útiles y aparatos en la escuela, los textos y libros escolares, las bibliotecas y el papel real de los maestros. Nada de todo ello tiene desperdicio alguno.

Como botón de muestra vamos a servirnos de dos textos extraídos de esta obra en los que queda fiel constancia de la orientación del autor en el campo de la cultura material de la escuela, y cómo es aplicado su ideario al funcionamiento real de las escuelas uruguayas, en un contexto económico y político bastante favorable a su aplicación.

Después de  referirse con detalle a los bancos y asientos, dice lo siguiente sobre útiles y aparatos que han de instalarse y manejar en la escuela:

Vamos a indicar algunos útiles y aparatos necesarios para la buena organización de una escuela, algunos de los que son imprescindibles para facilitar el trabajo del maestro y, haciéndolo más ameno, hacer más fructífero el estudio de los niños.

Parece inútil hablar del reloj, sin el cual no es posible tener regularidad en los ejercicios, la campanilla para uso del maestro, y el pizarrón que bien pudiera llamarse el principal intérprete del maestro. Después de esto, son necesarios una colección de carteles para enseñar la lectura elemental, el silabeo, el deletreo y la pronunciación; un juego de letras sueltas, para el mismo uso; muestras de escritura y dibujo,  grandes y pequeñas, que sirvan para las clases en general y para cada discípulo en particular; tablero contador; cuadros murales para ilustrar las lecciones sobre animales, plantas, etc., una colección de sólidos para ilustrar el aprendizaje de la geometría elemental; mapas mudos; un planetario; una vasta colección de objetos diversos para las lecciones de objetos; un termómetro, y cuando fuese posible, una pequeña colección de aparatos para ilustrar las leyes de la materia, etc.; uno o más diccionarios y naturalmente todos los útiles de papel, plumas, lápices, tinta, etc., que son indispensables. Las escuelas superiores y los colegios tendrán que proveerse de aparatos y gabinetes de física, mineralogía, etc., y de laboratorios químicos más o menos completos, según los recursos de que puedan disponer.

Debe, sin embargo, tenerse como regla invariable que los útiles y aparatos son los instrumentos auxiliares del maestro, y todo artífice, cualquiera que sea su habilidad, trabajará mejor y obtendrá mayores resultados si tiene buenos instrumentos, que si los tiene malos, o si carece de ellos.[3]

ábaco

Como advierte al final Varela, los objetos escolares no son inocuos, tienen su importancia pedagógica, por lo que al fin no es indiferente un útil escolar de buena o mala factura y calidad. A pesar de ello, la escuela y los niños, ni mucho menos el maestro, han de ser deudores a los objetos, sino que la pauta real a seguir en la tarea escolar debe ser la que marque el maestro.

De forma semejante, frente al servilismo y mecanicismo que con frecuencia implanta en la actividad escolar de las escuelas tradicionales un uso abusivo de los textos, de los manuales escolares, el pedagogo uruguayo nos dice,

La más servil adherencia a las lecciones y a las palabras del texto, ha sido y es, en la mayor parte de nuestras escuelas, el signo distintivo y el más grave defecto. De ese modo, así para el maestro como para el discípulo, toda la obra escolar se hace un trabajo mecánico, en el que no toman parte alguna las facultades activas del preceptor y del alumno. No hay para qué insistir largamente acerca de la necesidad de corregir tan grave defecto, que este libro reposa todo entero sobre la base de que la educación es el resultado, no de procederes automáticos, sino de esfuerzos conscientes por parte de los maestros y de los niños. El mejor y el principal texto de toda buena escuela debe ser el maestro; pero, no quiere decir esto, sin embargo, que los textos deban suprimirse absolutamente.

Muy al contrario, los buenos textos serán auxiliares eficaces del maestro; y servirán para hacer más fácil y más provechoso el estudio de los discípulos. Todo consiste en no considerar el texto como si el fin del estudio fuera aprenderlo de memoria, sino como uno de los instrumentos útiles, para facilitar esos mismos estudios. Hase observado, con fundamento, que el texto tiene la ventaja no sólo de hacer posible el estudio del discípulo solo, mientras el maestro se ocupa en atender otras clases, sino también, la de presentar los conocimientos más rigurosamente ordenados y con más precisión. Por mucha que sea la habilidad del maestro, las lecciones orales, en las clases superiores, serán siempre menos exactas y concisas que las del texto, ya que en la improvisación oral hay siempre, forzosamente, menos precisión que en el escrito que se formula reposada y detenidamente en el silencio del gabinete. En las clases inferiores, las lecciones deben ser orales, principalmente; pero en las clases superiores será de suma conveniencia la introducción de buenos textos, que estudiados a solas por los discípulos, sean después desarrollados y aclarados por el maestro en lecciones orales.[4]

Son pautas muy sensatas, desde luego, y acordes con los movimientos pedagógicos más innovadores del momento, tanto en Europa como en Estados Unidos. Sobre todo porque manifiestan el deseo de alcanzar a toda la población escolar de la nación, y de introducir instrumentos y modos de actuación pedagógicos acordes con lo que él mismo denomina "la educación científica".

Lo interesante es recordar que las propuestas teóricas, y las de actuación concreta que encierra y difunde este auténtico tratado de educación uruguaya, alcanzan un éxito pleno en su aplicación real a las escuelas. De ello da buena cuenta el clima cultural del país, y en concreto los testimonios que en la actualidad podemos observar en los objetos y salas del Museo Pedagógico. De esa manera adopta un perfil histórico en muchos casos legitimador del proyecto educativo concebido y las prácticas escolares realizadas.

Es muy gratificante para el historiador de la educación poder comprobar la adecuación del discurso teórico, con la realización concreta en las escuelas, y poder acreditarlo a través de tantos vestigios de la cultura material escolar de la época como se pueden observar y estudiar en el Museo Pedagógico. La materialidad de la escuela despoja aquí la reflexión de otras veleidades interpretativas de posible riesgo idealista.


3.- Ecos de la propuesta escolar vareliana en el Museo Pedagógico de Montevideo

La visita in situ del Museo Pedagógico de Montevideo nos permite palpar con emoción y comprender con pasión intelectual la historia de la escuela uruguaya de todo un siglo, largo en sentido cronológico,  y desde luego el peso incuestionable de la obra pedagógica y política de José Pedro Varela en ese proceso cultural. Ello se evidencia de varias formas, y en diferentes expresiones materiales y físicas, en salas, objetos, ideas, proyectos, concepto museístico mismo que subyace a esta centenaria institución uruguaya.

Museo Pedagógico de Montevideo

Conviene recordar que el Museo Pedagógico de Montevideo en realidad se denomina de forma completa "Museo Pedagógico José Pedro Varela de Montevideo". Es decir, va dedicado a quien representa lo más cuajado de la reforma escolar uruguaya contemporánea, su mentor e impulsor, como ya hemos puesto de manifiesto más arriba. Pero en realidad fue promovido ante las autoridades de la República del Uruguay por el pedagogo Alberto Gómez Ruano y el propio hermano de José Pedro, llamado Jacobo, ambos seguidores apasionados de la trayectoria y propuestas pedagógicas de la reforma vareliana para la escuela uruguaya.

Es cierto que el Museo Pedagógico de Montevideo se crea en 1889 (por decreto de 25 de enero), siguiendo la estela de otros museos pedagógicos europeos, principalmente el modelo del que nace en Paris en 1879, y el de Madrid de 1882. Por tanto, no es un concepto frío y pasivo de museo, sino centro pedagógico pensado con muchas variantes e itinerarios: la formación de maestros (sobre todo de mujeres), la investigación pedagógica, la organización de talleres de creación y aprendizaje, salas de exposición y memoria pedagógica, biblioteca de investigación, salas de prensa pedagógica, organización de seminarios y ciclos de conferencias, entre las actividades y líneas de intervención más destacadas.

vidriera

Lo más destacable y sobresaliente de esta institución pedagógica centenaria de la República del Uruguay es que haya podido sobrevivir a los sobresaltos de la historia política del país, en especial las crisis derivadas de los periodos de dictadura militar, en particular en los años setenta del siglo XX. No obstante, tal como de forma discreta aún nos comentaban en el año 2009 responsables del Museo y de la Biblioteca Pedagógica de Montevideo, en tales fechas varios y notorios materiales y recursos bibliográficos fueron sometidos a censura, expurgo y final desaparición. Es obvio que se trataba de los que eran considerados entonces como peligrosos para la estabilidad del país sudamericano por quienes ejercían de censores ideológicos.

Catecismo geográfico-político histórico

Pero no sólo ha permanecido lo fundamental de los materiales pedagógicos de origen, y los incorporados, y los de orden bibliográfico, sino que es sorprendente la continuidad de objetivos pedagógicos que ha llegado hasta nosotros. Sobre todo en lo relativo a la formación de maestros y las actividades culturales próximas a tales proyectos. Se conservan bien clasificados (no todos expuestos) más de 5000 objetos pedagógicos, varios miles de fotografías, casi 7000 libros y publicaciones periódicas pedagógicas, y numerosos manuscritos y documentos especiales de indudable valor histórico educativo.

El visitante y el estudioso tienen la oportunidad de recorrer hoy mismo diferentes espacios y salas del edificio  que  acoge el Museo Pedagógico, y que en realidad, con escasas variaciones, es el mismo que fue construido ad hoc, en su día. Ha tenido este museo la fortuna, como pocos espacios pedagógicos en todo el mundo, de mantener hasta nuestros días su ubicación original, de desempeñar las mismas funciones originales para las que fue creado.

Edificio del museo pedagógico de Montevideo

La distribución física actual del Museo Pedagógico de Montevideo se organiza por las siguientes salas: época prevareliana, sala José Pedro Varela, Borrón y Escuela Nueva, Jacobo Varela, Ciencias, Ciencias Naturales, Gómez Ruano, sala de conferencias, biblioteca de investigación. La parte superior del edificio, que en su día desempeñó funciones de residencia de señoritas, hoy se dedica a otras actividades culturales que van más allá de lo estrictamente pedagógico.

Galeria de señoritas

Sin entrar a valorar  la idoneidad organizativa del modelo que observamos, si es o no acorde con el concepto actual del museismo pedagógico[5], y el peso real que ha de ocupar la faceta investigadora, en relación con el tema que nos ocupa este trabajo podemos proponer lo que sigue.

Varela es el eje principal de este museo desde principio a fin. Además del nombre asignado, José Pedro Varela,  debe recordarse que se crea en 1889, en el contexto de aplicación inmediata de la reforma escolar vareliana, a los diez años exactamente del fallecimiento de nuestro autor.

Sala Varela

Varela es la sala inicial que abre el museo, dedicada a recoger y reconocer la trayectoria personal, vital de este reformador social y escolar uruguayo. Testimonios personales, objetos, materiales familiares, fotografías, carteles de secuencia biográfica de José Pedro, obras escritas por él, parte de su biblioteca personal, contexto histórico de su trayectoria vital y política. Es una sala de gran interés histórico, político y pedagógico, que nos parece indispensable conocer y visitar con detenimiento para comprender mejor la reforma educativa vareliana. Es una visita intuitiva, por los hechos e iconos, además de los textos escritos.

La sala dedicada a la escuela en la etapa incipiente del sistema escolar uruguayo, con grandes resonancias al periodo colonial, prepara bien para la siguiente, que expresamente se dedica a la reforma educativa emprendida bajo la orientación de José Pedro Varela. La representación del espacio escolar, del patrimonio propio del aula, de las condiciones materiales que ejemplifica la tipología escolar vareliana, responde a lo que concibe nuestro autor en la obra , "La educación del pueblo", que hemos comentado en el epígrafe segundo de este trabajo.

Es interesante destacar que, en las salas que siguen, la estructura básica del patrimonio escolar uruguayo responde al mismo esquema vareliano, hasta muy avanzado el siglo XX, contando con las innovaciones que se han ido produciendo al paso de otras reformas escolares menores que se han  introducido en el conjunto del sistema educativo uruguayo.


Breve nota final

Este conjunto de apreciaciones nos permite afirmar con escasas dudas que el peso del proyecto pedagógico que encarna José Pedro Varela para la escuela uruguaya se muestra persistente y muy influyente en buena parte del desarrollo del sistema educativo uruguayo contemporáneo. Los elementos materiales y patrimoniales que se hacen visibles en este Museo Pedagógico lo confirman.

La presencia de Varela en el Museo Pedagógico de Montevideo, que lleva su nombre, no es un puro ejemplo de nominalismo pedagógico, ni tampoco un canto honorífico al político o al héroe escolar. Es una muestra del reconocimiento al mérito que tuvo este intuitivo pedagogo uruguayo para incorporar a la escuela de su país las reformas pedagógicas que consideró de interés, muchas de ellas extraídas de experiencias escolares ya experimentadas en otros países de Europa y América del Norte, o intuidas a través de educadores y pedagogos que en diferentes naciones tratan de romper moldes a través de libros y escritos que anuncian la nueva educación.

Pero, además, este Museo Pedagógico de Montevideo es expresión de memoria histórico educativa, palpable a través de las visitas diarias que recibe de centros escolares, maestros y educadores. Por su puesto, en un atractivo punto de encuentro para investigadores interesados en el estudio del patrimonio histórico educativo uruguayo. Sus magníficas colecciones de objetos escolares de todo tipo y los nutridos y especializados fondos bibliográficos son una invitación al estudio y a la reflexión pedagógica.

 



Notas y referencias bibliográficas

[1] Remitimos a sus obras Racionalismo y liberalismo en el Uruguay. Montevideo, 1962, y Espiritualismo y positivismo en el Uruguay. México, 1951.

[2] Cfr. BRALICH, Jorge.: Una historia de la educación en el Uruguay. Montevideo, Fondo de Cultura Universitaria, 1996, pp. 53-86.

[3] Cfr. VARELA, Pedro José: La educación del pueblo. Vol. II. Montevideo, Ministerio de Instrucción Pública y Previsión Social, 1964, pp. 107-108.

[4] Cfr.  IDEM, Ibidem, pp. 109-110.

[5] Véase el balance que ofrecimos hace algunos años sobre el museísmo pedagógico, entonces aún incipiente, y hoy boyante, sin duda alguna, cfr. HERNÁNDEZ DÍAZ, José María.: "Museos pedagógicos y exposiciones educativas en España en los inicios del siglo XXI", pp. 117-180, en PEÑA SAAVEDRA, Vicente (coord.).: I Foro Ibérico de Museísmo Pedagógico. O museismo pedagóxico en España y Portugal. Itinerarios, experiencias e perspectivas. Actas. Santiago de Compostela, MUPEGA, 2003.

Remitimos a la página web de la Sociedad Española para el Estudio del Patrimonio Histórico Educativo (SEPHE), donde aparecen cantidad y cualificadas instituciones y experiencias de museismo pedagógico diseminadas por todo el mapa de España, y también con muy buenas pistas para el movimiento internacional. Cfr. http://www.institucional.us.es/paginasephe/


CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO

Formato Norma ISO 690-2

Hernández Díaz, José María, “José Pedro Varela y el Patrimonio Escolar en el Museo Pedagógico de Montevideo” [en línea]. Cabás: Revista del Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en materia educativa (CRIEME) de la Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria (España) [publicación seriada en línea]. N.º 2. Diciembre 2009. <http://revista.muesca.es/articulos2/125-jose-pedro-varela-y-el-patrimonio-escolar-en-el-museo-pedagogico-de-montevideo> ISSN 1989-5909 [Consulta: Día Mes Año].