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Didáctica de las Ciencias en la Educación Primaria y su relación con los planteamientos de comienzos del siglo XX - La importancia de la motivación y la experimentación

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Indice del artículo
Didáctica de las Ciencias en la Educación Primaria y su relación con los planteamientos de comienzos del siglo XX
La valoración de los conocimientos previos del alumnado
La importancia de la motivación y la experimentación
La programación y evaluación de la enseñanza-aprendizaje
La actitud de los maestros ante la enseñanza-aprendizaje de las Ciencias
La evaluación del proceso de enseñanza-aprendizaje
A modo de conclusión
Bibliografía
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La importancia de la motivación y la experimentación

Edmundo Lozano Cuevas (1856-1919) fue un profesor vinculado a la Institución Libre de Enseñanza que realizó una propuesta didáctica en consonancia con los actuales criterios metodológicos de la enseñanza de las ciencias. En este sentido, consideraba que no era suficiente la mera adquisición de conocimientos, sino la formación del hábito científico “el cultivo de un método y de una orientación del pensamiento”, de manera que la metodología se basaba en el trabajo personal del alumnado, realizando experimentos encomendados por el profesorado y la construcción del propio material en el laboratorio. Estos criterios aparecieron publicados en múltiples artículos del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza  en los que se hacía alusión al modelo de docencia del mencionado profesor, basados en la conversación con sus alumnos y en el trabajo individual fundamentado en la búsqueda de soluciones por parte del alumnado, que sólo recibía algunas orientaciones del profesor, convirtiéndose en artífices de su propio aprendizaje “aprender a aprender” (Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, 1919, p. 193).

La legislación actual considera que los niños que acceden a la enseñanza primaria tienen bagajes muy diferentes, la pertenencia a ámbitos rurales o urbanos, el entorno o contexto sociocultural. También los ritmos y condiciones personales son diversos, de manera que la evolución de los esquemas de conocimiento y procesos de desarrollo y aprendizaje son distintos. Por esos motivos, los maestros deben buscar estrategias didácticas distintas que faciliten el aprendizaje. Junto a la programación de actividades de distintos tipos, que puedan servir para todo el alumnado, se deben intentar otras fórmulas, como son: agrupamientos flexibles de los alumnos, organización y aprovechamiento adecuados de espacios y búsqueda, y utilización de materiales diversos. Es evidente, que la enseñanza de las ciencias aporta una vertiente integradora para el alumnado de distintas culturas, de tal manera que algunos autores, como es el caso de Alicia Benarroch, han encontrado puntos de conexión entre interculturalidad y enseñanza de las ciencias (Benarroch, 2001, pp.9-23).


La organización del aula debe favorecer, tanto el trabajo en grupo como el individual y el de gran grupo, sobre todo para incentivar la realización de actividades como la experimentación, los debates, las exposiciones de trabajos, la asamblea o la recogida de información (Weissman, 1993). Los diversos materiales deben tener una adecuada organización y estar ubicados en un lugar idóneo, que fomente el clima de libertad y respeto. También es muy importante establecer horarios y periodos de trabajo de manera flexible, que permitan desarrollar actividades, sin interrupciones, que impidan un adecuado aprendizaje.


Con independencia de que en el aula exista diversidad en el alumnado, siempre se debe utilizar la motivación como el medio más propicio para favorecer el aprendizaje, adecuando los nuevos aprendizajes a las posibilidades reales de cada alumno. En este sentido, se deben utilizar nuevos contenidos, que tengan un nivel de complejidad que despierte el interés del alumnado, y puedan ser relacionados significativamente con los que ya posee. Se trata de promover una actitud favorable al aprendizaje mediante la activación de la curiosidad de los niños, y estimulando la búsqueda de medios para resolver los problemas planteados. La motivación y el interés deberán mantenerse, adecuando los nuevos aprendizajes a las posibilidades reales de cada alumno, y haciendo del aprendizaje un acto divertido, asimilable al juego. Los maestros debemos tomar, como punto de partida, las experiencias vivenciales del niño en su entorno más próximo, abordando el planteamiento y resolución de problemas reales, como el cuidado de la salud, la defensa y conservación del medio ambiente, los hábitos de cuidado, limpieza y salud corporal, implicación en los grupos de pertenencia y el fomento de las relaciones con los demás.


Modesto Bargalló Ardevol, profesor de la Escuela Normal de Guadalajara, pensaba que la observación era el primer paso para que el alumnado aprendiese Ciencias Naturales, pasando del estudio de lo general a lo particular (Bargalló, 1922, p. 7). Además, pensaba que el maestro debía fomentar el hábito de la investigación, hasta el punto de que creó un taller junto a su laboratorio, con la intención de que el alumnado de primaria construyese sus propios materiales (Valls, 1930, p.169).


En la actualidad, se siguen esos criterios de Bargalló, hasta el punto de que se incide en la necesidad de que los materiales que deben utilizarse en las experiencias deben ser sencillos y de uso cotidiano, evitando una dependencia excesiva del material de laboratorio, de manera que se favorezcan las destrezas manuales, las técnicas y habilidades científicas. Por último, el alumnado deberá estar capacitado para elaborar las conclusiones de su trabajo, que también le servirán de reflexión para valorar sus progresos. En este aspecto, hay que señalar las propuestas de enseñanza de las plantas que realizó Rosa Sensat, simplemente utilizando unas semillas para explicar cómo se reproducían (Sensat, 1930, pp.199-201).