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| Crónica de un intento fallido |
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Resumen
El rescate e interpretación del patrimonio histórico material de la escuela desafortunadamente no es aún una actividad globalizada. En Europa y Norteamérica ha habido un amplio desarrollo de este campo de investigación y cuentan con museos específicos o salas de exposición que permiten al público en general conocer y/o revivir la historia de la educación, tal es el caso del CRIEME que tuve la fortuna de visitar en Octubre pasado. Pero existen otros países -como México- donde todavía el camino es largo y sinuoso.
En mí país no existe ningún museo o exposición de este tipo[1], lo que refleja la todavía baja sensibilidad y conciencia de la importancia de este tipo de patrimonio para una nación. Algunos intentos que pudieran ser vanguardia en el tema no siempre logran su objetivo como es el caso que hoy comparto con ustedes.
En Septiembre de 1993 el Departamento de Educación Preescolar en el Valle de Toluca[2] me ofreció iniciar un proyecto denominado Centro de Investigación y Difusión de la Educación Preescolar CIDEP, en realidad no era un proyecto prioritario para la administración educativa más bien se trataba de una opción ante mis desacuerdos políticos y sindicales con las autoridades.
El objetivo del CIDEP era "investigar, analizar y difundir el pasado histórico de la educación preescolar con el fin de comprender el presente conociendo el pasado", su estructura era una dirección general, un área de investigación, una de biblioteca, una de museografía y una de difusión. Para iniciar el proyecto no se me daba ningún tipo de recurso, ni humano, económico o material, sin embargo acepté el reto. Al principio mi oficina, archivo y demás era mi automóvil, un pequeño Volkswagen sedán blanco pero fue por poco tiempo pues tuvieron éxito mis gestiones ante el Ayuntamiento de Toluca para que me dieran en comodato una biblioteca pública que permanecía cerrada por falta de personal, así que ellos me prestaban el edificio y yo proveería de personal para atenderla, personal que en menos de un mes llegó: una bibliotecaria que fui a "robarme" de otra biblioteca pública y otra educadora como yo. La biblioteca contaba con un acervo general aceptable pero el edificio, aunque no muy grande estaba deteriorado y sucio y los materiales desordenados y polvorientos. Con gran ilusión comenzamos a limpiar, pintar, ordenar y embellecer la biblioteca del CIDEP y sus jardines y en octubre de ese mismo año hicimos el brindis inaugural de la misma. Iniciamos un espacio para recolectar libros específicos sobre educación preescolar e historia de la educación y acondicionamos un área infantil con mobiliario y acervo propio para pequeños preescolares. En muy poco tiempo también se incorporaron dos compañeras más y el equipo estuvo completo, narraré ahora algunas actividades que comenzamos a realizar.
La biblioteca era el área más fuerte, se promovieron actividades como la Hora del Cuento, donde venían grupos de escuelas cercanas a escuchar la narración o dramatización con títeres de algún cuento por el personal del CIDEP o algún cuentacuentos profesional que contratábamos o conseguíamos sin costo, para las docentes había actividades de actualización como talleres y cursos sobre los libros con los que contábamos, apoyo a tareas escolares por las mañanas y tardes para niños de primaria y secundaria, curso de verano completamente gratuito y el servicio de biblioteca pública regular.
El área de investigación, aunque con muchas dificultades, pues el perfil de las docentes era de profesora de educación preescolar no de investigadora o historiadora, comenzó a indagar sobre dos líneas: la educación infantil en la época prehispánica de la región y la recopilación de información a través de entrevistas a "pioneras" de la educación preescolar que aún vivieran a través de entrevistas grabadas. La experiencia fue maravillosa, conocimos a muchas maestras jubiladas y en servicio que nos acogieron en su casa y nos abrieron su corazón y el baúl de sus recuerdos, conocimos sus alegrías pero también sus tristezas y desilusiones muchas veces mostradas con lágrimas durante la charla, nos mostraron y regalaron fotografías, libros, documentos, etc. Desafortunadamente nunca se pudo sistematizar la información dándole cuerpo a la investigación y lo más que logramos fueron algunos artículos y ponencias que llevamos a algunos eventos académicos locales.
Difusión fue un área que también tuvo buenos frutos. Pensamos entonces que un buen medio de difusión sería un folleto que se enviara a cada educadora[3], así comenzamos la publicación de "La Gaceta Preescolar - CIDEP". En un inicio era un folletín de 5 hojas tamaño oficio mimeografiadas y dobladas a la mitad, cuyo contenido, diseño, viñetas y tiraje corría por nuestra cuenta y debido a la forma de reproducción en ocasiones la calidad no era tan buena como queríamos. La Gaceta incluía artículos para mejorar el desempeño docente, información en general pero también artículos sobre historia de la educación. Gracias a algunas gestiones y ayuda de algunas autoridades educativas logramos que una editorial mexicana grande y reconocida -Fernández Editores- nos patrocinara nuestra revista ¡qué cambio! ¡Qué bonita revista a todo color!, siguió distribuyéndose de manera gratuita a las educadoras y comenzó a ser reconocida no solo en preescolar sino en el ambiente educativo de todo el Estado.

Para llegar directamente a los niños se creó una obra de títeres llamada "Juanito y las cosas viejas", que precisamente trataba de hacer comprender a los chicos el valor que tienen el patrimonio material no solo escolar sino en general. Llevamos la obra de teatro a más de 50 escuelas, viajando con escenografía, muñecos, luces, música y demás a veces más de cuatro horas pero el ver la sonrisa en el rostro de aquellos pequeñines de comunidades alejadas para los que en ocasiones era la primera vez que veían títeres era nuestra mejor recompensa.
El área de museografía quizá fue la que avanzó menos. Teníamos el inconveniente de no contar con un espacio que funcionara como sala de exposición, ni contábamos con el transporte necesario para hacernos de los objetos así que comenzamos con hacer un reconocimiento/ censo del patrimonio material con que contaban las escuelas: de las 900 seleccionamos aquellas con mayor antigüedad - a partir de 1930 y hasta 1970- y las visitamos recorriéndolas con su directora para ubicar muebles, libros, materiales didácticos, fotografías, documentos, etc. Que considerábamos valiosos de preservar. En los casos que fue posible se hicieron los trámites necesarios para la donación al CIDEP y en otros se apoyó a la comunidad escolar para gestionar la restauración o conservación de los mismos.
Los objetos rescatados por el CIDEP fueron fumigados y restaurados por nosotras mismas con el apoyo de la Unidad de conservación y restauración del Instituto Mexiquense de Cultura quien solidariamente nos enseñó algunas técnicas para hacerlo.
Ante la imposibilidad técnica y económica de montar una exposición de objetos decidimos iniciar una exposición fotográfica que mostrara las distintas etapas históricas de la educación preescolar en esta región del país. La fototeca del CIDEP ya era considerable y teníamos fotos no solo bellas sino valiosas por la información que transmitían, con el apoyo y asesoría técnica de la Escuela Nacional de Restauración de la Ciudad de México y la donación de placas de acrílico transparente de la empresa Plastiglass, seleccionamos, ampliamos, enmarcamos y montamos 35 fotografías y sus cédulas de información correspondiente, que constituyeron la exposición fotográfica itinerante "Ayer y Hoy de la educación Preescolar". La exposición recorrió los siete sectores que existían entonces en esta región del Estado ubicándose en las casa de Cultura de distintas ciudades donde en la inauguración hacíamos un recorrido guiado con las autoridades, educativas, civiles y políticas de la zona y culminaba con un brindis de honor para después quedarse 15 días abierta al público en general. Los comentarios a la exposición fueron muy buenos y aún ahora se sigue recordando.
Pero nuestro sueño de tener un museo no cesaba y comenzamos las gestiones para lograr un espacio en la capilla de una ex hacienda que funciona actualmente como escuela primaria internado para indígenas en una localidad muy cercana a la ciudad de Toluca. Era casi un hecho que nos permitieran establecer el museo ahí y en lo personal me preocupaba que la investigación histórica - eje fundamental del montaje museográfico- estuviera tan atrasada así que decidí comenzar a estudiar una Maestría en Investigación Educativa que me diera las herramientas teóricas y metodológicas para realizarla.
Todo marchaba excelente en este tiempo, pero la vida de las personas y de las instituciones a veces está más ligada de lo que pudiera pensarse. Para poder titularme de la Maestría decidí ausentarme seis meses dejando a la responsable de investigación a cargo de la dirección general del CIDEP. Políticas internas del Departamento de Educación Preescolar e intereses personales de aquella persona hicieron que ya no regresara nunca más a mi querido CIDEP y menos de un año bastó para destruirlo: se perdió el patrocinio de la revista, el personal renunció, se perdió el comodato de la biblioteca y finalmente, por un fuerte desacuerdo con la directora del internado donde se pensaba poner el museo, las autoridades educativas decidieron hacer desaparecer el CIDEP en 1998.
Los muebles y materiales "rescatados" aún hoy siguen desaparecidos, el archivo, los libros y las fotos están en una bodega sin ubicación determinada y después de diez años el CIDEP es solo un grato recuerdo para algunas maestras y un fallido intento en el camino de la preservación de la memoria escolar.






