Matilde G. Serna : vida y obra

Santiago JI Alútiz Rubio . Coordinador de "Villapresente en la memoria"
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El día 6 de noviembre de 2009, fue un día grande en Villapresente, que con sus aproximadamente 1300 habitantes es la segunda localidad del municipio de Reocín (Cantabria). Fue un día de reconocimiento a la labor docente desarrollada por Doña Matilde, la maestra que en los 38 años que ejerció en el pueblo dejó una huella tan imborrable que ahora, pasadas ya casi cuatro décadas desde su fallecimiento, no sólo se la recuerda sino que se la tiene presente cual si aún viviera entre nosotros.

Sus alumnas vivas tienen edades comprendidas entre los 50 y los 95 años. Todas, de una u otra manera, quisieron estar en el homenaje, aunque, en algunos casos, su presencia solo pudo ser testimonial, pero nadie quiso perdérselo.

Ahora bien, ¿qué hizo esta mujer para que su huella se mantenga tan fresca en nuestra memoria si ella abandonó Villapresente en el ya lejano 1965? ¿Por qué en los años 90 se le dedicó un pequeño, pero coqueto, parque junto al río Saja?

La respuesta nos la dan sus alumnas. Todas coinciden en que lo más importante de sus enseñanzas no estaba, con serlo, en las disciplinas propias de las diferentes épocas que le tocó vivir, sino en la enseñanza de los valores inherentes a la persona: la familia, el trabajo, las costumbres y tradiciones del lugar donde nacieron... Ya adultas, aquellas mujeres supieron compaginar a la perfección el amor a lo divino y a lo humano. Supieron ser madres y esposas. Sumisas, si la ocasión así lo reclamaba, pero nunca esclavas. Asumieron los tiempos y las circunstancias, pero lo hicieron con la ventaja de la cultura adquirida.

Cuando Matilde González-Serna Verdeja llegó a Villapresente contaba con 27 años de edad; provenía de la población asturiana de Noriega donde había ejercido como maestra en los últimos tres cursos. Sus primeros tres cursos como maestra titular de una escuela.

Matilde, había descubierto su vocación a edad temprana, mientras estudiaba en el "Colegio Divina Pastora" de su localidad natal. Allí permaneció desde los tres hasta los 18 años; finalizados los estudios de Magisterio, el día 1 de octubre de 1918, en la Escuela Normal de Palencia, obtiene el título que la faculta para impartir clases como Maestra de primera enseñanza. A partir de ese momento, inicia su preparación para las oposiciones costeándolas con las clases particulares que impartía en su casa de Barreda (Torrelavega).

Pero Matilde, joven y elegante mujer, también tiene tiempo para frecuentar los sitios de diversión propios de su edad y así, en la romería de las fiestas de la localidad, conoce al que tan solo 3 años más tarde sería su marido: Andrés Mira Hernando. Pronto descubrirían puntos de afinidad que les haría verse con alguna frecuencia, pues, al fin y al cabo, la conversación es el mejor nexo de unión entre las personas. Uno de estos puntos afines era la madre de Andrés, Doña Emilia, maestra de profesión, con la que pronto entabla buenas relaciones. Andrés, joven y atractivo muchacho, trabajaba como mecánico en la empresa Solvay de Barreda y era, a la vez, un activo sindicalista de la UGT que, a esas alturas, ya había sido encarcelado por su actuación en la huelga general de 1917.

El día 1 de mayo de 1922 contraen matrimonio en la Parroquia de La Anunciación de Santander, fijando su residencia en Barreda, localidad en la que Matilde había residido anteriormente, con lo que Andrés evitaba tener que hacer desplazamientos para acudir a trabajar y Matilde podía seguir dando clases particulares a los mismos alumnos que tenía antes de casarse.

Fruto de su estancia en Barreda fueron dos hijos, Emilia, que moriría a la temprana edad de 14 meses, y Andrés.
Mientras tanto, y de manera paralela a las circunstancias que concurrían en su vida, Matilde iba preparando las oposiciones que, finalmente, tuvieron lugar en julio de 1923.

Al año siguiente se le adjudica su primera escuela en Noriega, localidad del municipio asturiano de Ribadedeva, lugar donde nació el tercero de sus hijos (segundo de los hijos vivos). Pronto se da cuenta de que vivir como viven ella y su familia no es nada cómodo y solicita traslado a un lugar más cercano al lugar de trabajo de su marido y es el 15 de septiembre de 1927 cuando se le concede, en propiedad, la escuela de Villapresente.
Con el comienzo del curso en la que ya es su escuela, la familia se establece en el pueblo, algo que se quedaría simplemente en cotidiano si no fuera porque la llegada a Villapresente supuso la floración de todas sus inquietudes culturales. Ella es consciente de que la cultura no sólo está en la escuela. Que las disciplinas que obligatoriamente ha de impartir deben ser el cauce de otra cultura más ligada al devenir de la personalidad de sus alumnas. Alumnas que pertenecen al mundo rural y que desconocen, por lejanía, la cultura elitista de las ciudades. Ella es perfectamente consciente de que aquellas alumnas, cuando salgan de la escuela, se convertirán en mujeres trabajadoras que lo son desde que aprendieron a respirar y que compaginarán su función de madres-amas de casa con el trabajo en el campo y en la cuadra, o quizás al revés. Pero esto no ha de ser obstáculo para que adquieran un nivel cultural más alto.

Organiza un grupo de teatro que rápidamente empieza a hacer representaciones públicas, tanto en Villapresente como en los pueblos cercanos.

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Es una actividad que durará varios años y el dinero obtenido en las representaciones públicas servirá para realizar excursiones a pueblos y ciudades tanto de nuestra región como de las provincias limítrofes. A la vez, profundiza en la enseñanza de manualidades, fundamentalmente de costura, bordados, y punto. Con los trabajos realizados en la escuela hicieron exposiciones por los pueblos del municipio y pronto adquirieron una fama que traspasó los límites de la comarca.
Pero su labor no se limitó a las niñas y organizó un coro parroquial al que invitó tanto a las chicas que por su edad ya estaban fuera de la escuela, como a las mujeres casadas del pueblo.

La labor diaria e ininterrumpida de esta singular maestra pronto se ganó el reconocimiento de los habitantes de Villapresente y el 16 de enero de 1936 le ofrecieron un emotivo y multitudinario homenaje.

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Fue éste, sin duda, uno de los momentos más felices en la vida de Matilde. Llevaba poco más de ocho años en Villapresente y la familia se había integrado perfectamente en el pueblo. En el momento del homenaje, al matrimonio le habían nacido dos nuevos hijos y al final de la década, recién terminada la próxima Guerra Civil, les nacería el tercero de Villapresente y último de la saga. Fueron en total 6 hijos, pero ya hemos mencionado que la primera hija falleció prematuramente.

La década de los 30 se inició en la vida de Matilde, con un acontecimiento que, aunque en el momento del homenaje no se vislumbraba, traería consecuencias negativas para ella y para toda la familia: en las elecciones municipales que se celebraron el día 20 de abril de 1931 (en Reocín se celebraron dos elecciones pues no dieron por válidas las celebradas el día 12), Andrés, su marido, que se había destacado por su participado activa en las revueltas que terminaron con la dictadura de Primo de Rivera y que, como hemos dicho más arriba, ya había estado en la cárcel por su actuación en la huelga de Solvay de 1917, es elegido concejal por el partido socialista y seis días más tarde el Ayuntamiento en Pleno decide nombrarle alcalde. Andrés fue regidor del municipio de Reocín hasta el 31 de octubre de 1934 en que fue cesado en su cargo (junto con otros seis concejales de izquierdas) por el Gobernador Civil de Santander, siendo todos ellos sustituidos en sus cargos por representantes de la derecha. Esta situación duró hasta la victoria del Frente Popular de Izquierdas en las elecciones generales de febrero de 1936. A los pocos días el nuevo Gobernador Civil de Santander les restituye en sus cargos y en el pleno del Ayuntamiento de Reocín celebrado el día 21 del mismo mes vuelve a ser nombrado alcalde del municipio entre el clamor popular, pues se daba la circunstancia de que Andrés era querido por unos y otros.

Iniciada la guerra el 17 de julio de ese mismo año, el matrimonio, que llevaba algunos años viviendo en el edificio de las Escuelas Pías, vio como las dos aulas que había en el edificio (niños y niñas), se convertían en polvorín y que la ermita de La Guarda, situada a pocos metros, era transformada en cárcel; además, las relaciones personales en el pueblo se fueron enfriando debido a las tensiones propias del momento y Matilde, que era de una religiosidad profundamente arraigada en su ser, en numerosas ocasiones se vio entre la espada y la pared debido a la también profunda laicidad de su marido, que con frecuencia era confundida con el laicismo propio de algunos sectores de la izquierda dominante.

Por otra parte, Andrés, alcalde socialista del Valle de Reocín, estaba en el punto de mira de elementos de la extrema derecha (por sus raíces izquierdistas) y de la extrema izquierda (por el carisma que tenía entre las gentes de derecha). Llegó a sufrir atentados, de los que afortunadamente salió indemne, e incluso fue condenado a muerte por elementos extremistas de su propio partido.
Con la llegada de las tropas franquistas al municipio, Andrés fue depuesto y encarcelado; primero en el propio Ayuntamiento y más tarde en una de las cárceles habilitadas en Torrelavega.

Las nuevas autoridades provinciales no tardaron en hacer pagar a Matilde el hecho de estar casada con Andrés y la primera comisión de depuración que estudia su caso decide sancionarla con un traslado forzoso fuera de la provincia con prohibición de solicitar cargos vacantes durante un periodo de cinco años, e inhabilitación perpetua para el ejercicio de cargos directivos y de confianza en Instituciones Culturales y de Enseñanza de los Maestros. Sanciones que quedan reflejadas en la O.M. de 28 de agosto de 1939. Días más tarde se le comunica que es destinada a Huesca.

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La sanción de traslado es anulada por O.M. de 8 de noviembre del mismo año, lo que originó un pequeño cisma entre las personas influyentes del nuevo régimen en Reocín, que no pararon hasta conseguir una nueva sanción de la Comisión Depuradora. La O.M. de 28 de octubre de 1940 la da un nuevo traslado forzoso, esta vez a la escuela de Barral-Casanova en La Coruña.

Pero Matilde nunca salió de Villapresente y tanto ella como Andrés consiguieron eludir las penas que les habían impuesto gracias a la intervención de personas adscritas al nuevo régimen, y de algunos familiares, militares y religiosos, de Andrés; familiares que estaban magníficamente reconocidos por el nuevo régimen. Así, en un auto de la sección Administrativa de Primera Enseñanza de La Coruña fechado el 30 de noviembre de 1940, se reconoce el error cometido y se le comunica que seguirá desempeñando su magisterio en Villapresente al haber sido anulada la sanción de traslado forzoso. Por su parte, Andrés, que además de la influencia de su familia cuenta con la petición firmada de varios vecinos de Villapresente que solicitan su liberación, consigue la libertad y algunos meses después se integra en la empresa Solvay, en la que trabajaría hasta su jubilación.

Matilde, que no se resigna fácilmente ante las circunstancias, por muy adversas que sean, ha aprovechado este tiempo tenebroso para esbozar lo que será su actuación en el campo educativo una vez que las aguas adquieran su flujo normal.
Pero son momentos de nostalgia y especial sensibilidad que Matilde transformaría en uno de los poemas más elocuentes sobre las circunstancias que ella y la mayor parte de los españoles habían tenido que soportar en los últimos años, es el denominado: NOCTURNO:

Noche silenciosa y triste
Propicia para el temor,
Sin un resquicio de albura,
Sin un susurro de voz;
Con un revuelo de sombras,
Tan negras como el rencor,
Que sus traiciones oculta
El enlutado crespón.

Noche, que al miedo le azuza,
A los miembros da temblor,
Que quitas la paz al alma
Y ofuscas el corazón,
¿Qué llevas entre tus garras
Que atraes con tanto ardor,
Al vicio y a la injusticia,
A la venganza, al dolor...?

Noche, que acciones siniestras
Ocultas del que se ensaña
Con el inocente o débil,
Víctimas de tal hazaña.
Que eres refugio del crimen,
Vil guarida de pasión,
Cobijo de la mentira,
Albergue de la traición.

De vuelta a la normalidad, Matilde inicia sus actividades con más fuerza, si cabe, que en su época anterior. Al principio de los años 40 el Coro Parroquial es ya una realidad y comienza a gestar lo que luego sería el grupo de teatro LA CARRETA. Cuenta para ello con la desinteresada colaboración del ínclito autor madrileño don Juan Antonio de Laiglesia, que a la sazón veraneaba en Villapresente. El grupo estaba formado por jóvenes de ambos sexos, tanto de Villapresente como de los pueblos cercanos, y el dinero que sacaban en las representaciones que hacían por toda la comarca, revertía en excursiones y otras actividades culturales. Esta actividad perduró hasta muy avanzados los años cincuenta en que la inesperada muerte de su marido la sumió en un estado de momentáneo letargo emocional.

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Conocedora de las dificultades que iban a tener sus alumnas para salir del estatus que la sociedad les tenía reservado, Matilde se esfuerza por conseguir que éstas dominen las artes de la costura y el bordado. Amante del costumbrismo y de la heráldica pone en manos de sus alumnas todos sus conocimientos, pues es consciente de que los pueblos que pierden su identidad terminan desapareciendo. Matilde, al frente del Coro Parroquial, ha demostrado tener amplios conocimientos musicales y solía acompañar sus actuaciones interpretando melodías, ora propias, ora de afamados compositores, en el órgano parroquial. Pronto se encuentra con algunas familias que le piden enseñe a sus hijos a tocar el piano. Matilde no lo duda y lo hace desinteresadamente.

Pero en Matilde, que dedica la mayor parte de las horas diarias a la enseñanza y al cuidado y atención de su familia, parece que los días son elásticos, pues no otra conclusión se puede sacar al conocer su hasta ahora inédita obra poética o las composiciones musicales (principalmente motetes, pero también, al menos, una zarzuela), libros de juegos y canciones para escolares. Algunos de estos últimos fueron publicados en la revista ESCUELA EN ACCIÓN, de la Editorial Magisterio Español. Peor suerte corrieron sus partituras que, al parecer, se "perdieron" en una editorial musical de Barcelona y similar destino corrieron unos diseños de bordados que envió a una editorial con intención de verlos publicados.

Ya en los años 60, el maestro titular de la escuela unitaria de niños funda el Centro de Educación y Recreo de Villapresente y con él se inician nuevas actividades, tanto para los jóvenes en edad escolar como para los que, por edad, habían abandonado la escuela. Matilde no lo dudó y ofreció su colaboración y experiencia para que las nuevas actividades tuvieran el éxito apetecido.
A principio de 1965 solicita traslado al Colegio "General Sagardía" de Santander, que le es concedido para el siguiente curso.

A pesar de su ya pronta salida de Villapresente, Matilde solicita permiso para impartir clases gratuitas a todos los adultos que quisieran obtener el Certificado de Estudios Primarios. Permiso que le es concedido con fecha 29 de marzo de 1965.

El día 11 de julio se celebra un homenaje de despedida y Matilde resume su estancia en Villapresente con estas palabras: "...el curso venidero no estaré ya con vosotras queridas niñas, pero yo, a la manera que esos robles añosos, he echado tantas raíces aquí, que se me ha enmarañado el alma, el corazón y todo mi ser; medid mi pena."
Pero, Matilde, que ya había salido de Villapresente en un delicado estado de salud, inicia el curso y a los pocos meses se vio obligada a solicitar el retiro. Su "jubilación por imposición física" le es concedida el 1 de abril de 1968.
Atendida por su hija Emilia (a su segunda hija la llamaron igual que a la que murió), también maestra, aún tiene fuerzas para escribir nuevos poemas. Fallece el 4 de octubre de 1974 rodeada por sus hijos y nietos.
Había nacido en Mata (San Felices de Buelna) el 23 de febrero de 1900.