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Reseñas bibliográficas

Rafael Jiménez Martínez: "La escuela en la memoria"

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Rafael Jiménez Martínez, La escuela en la memoria. Huesca, Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón / Museo Pedagógico de Aragón, 2010, 274 pp.

 FotolibroRJimenez

Un verdadero recorrido vital son las páginas del libro La escuela en la memoria. A lo largo de ellas, Rafael Jiménez nos permite viajar con él, con un lenguaje de una extraordinaria fuerza plástica, a lugares, situaciones y sentimientos que conoció y experimentó en las últimas dos décadas.

Recorrido de relativamente pocos años, pero lleno de intensidad, de mirar hacia delante a pesar de las dificultades, a pesar de que su trabajo "remunerado" de director de un Centro de Profesores exigía responder a las demandas que desde el Ministerio de Educación y Ciencia iban llegando en forma de numerosos cambios educativos que había que, primero, conocer, para luego difundir, aplicar... Y, en medio de todo ello, sacando tiempo para su otro trabajo paralelo, el "no remunerado", el consistente en rescatar de la posible pérdida y del consiguiente olvido lo que fue el mundo escolar de otro tiempo.

Y como Rafael Jiménez posee la cualidad, nada fácil de encontrar, de actuar pareciendo que lo que hace es sencillo, cuando en realidad no lo es, el recorrido con él por La escuela en la memoria se convierte en placentero, entre otras más cosas que vamos a ir señalando.

Comienza su recorrido a finales de los ochenta. Una serie de papeles desordenados que va sacando de El bolso de las ideas (pp. 15-22) le permiten a Rafael Jiménez acordarse de que en aquella época es director del Centro de Profesores de Huesca, las instituciones creadas por el Ministerio de Educación y Ciencia para la formación del profesorado. Y recordar también el contacto con el inspector, destinado por aquel entonces en Huesca, Ricardo Gutiérrez, persona sensibilizada con el riesgo de desaparición que corrían muchos materiales de las escuelas que se iban cerrando. Que en 1988 viajó a Santillana del Mar, en Cantabria, donde el también inspector Juan González Ruiz había montado una pionera exposición titulada "La escuela de ayer": "Fui a ver la exposición y me sorprendió gratamente constatar el efecto y la fuerza estética y expresiva que estos materiales tenían si se colocaban adecuadamente. Además me di cuenta de que aquí, en Huesca, teníamos ya suficientes materiales escolares como para organizar una exposición parecida en cuanto a interés y calidad." (p. 21)

El Centro de Profesores y Recursos de Huesca (pp. 23-30) es la segunda etapa del recorrido. "En aquellos largos y medio lúgubres pasillos" de la antigua Residencia de Niños de la Diputación Provincial, adonde esta institución se trasladó desde la anterior sede del Colegio Universitario, comienzan a amontonarse ya pupitres, mapas, esferas, libros de otro tiempo, en contraste con el amontonamiento de los muy actuales documentos que la reforma educativa en marcha iba generando.

Con el ejemplo de la aceptación popular y el éxito de la muestra antes citada de Juan González Ruiz en Santillana del Mar, realiza Rafael Jiménez la primera de las decenas que llevará a buen término a lo largo de los años siguientes, la titulada Más de cien años de escuela en Huesca.

Son tiempos de una frenética actividad en la formación del profesorado debida a la reforma educativa, lo que provocaba, señala Rafael Jiménez, un gran "recalentamiento" en el trabajo del día a día. Incluido otro traslado de sede del CEP, esta vez a la ubicación en la que continúa en la actualidad, el Colegio Público "Sancho Ramírez".

Cambios y más cambios en la formación del profesorado, normas y más normas.

Rafael sigue compaginando su cargo de director del CEP con la ilusión de que el patrimonio de las escuelas de otro tiempo no se pierda, se conserve, se difunda. Pero, en un determinado momento, no comparte muchos aspectos de los nuevos planes de formación. No quiere seguir de director del CEP, y se lo señala así al entonces director provincial de Educación. Éste lo entiende y le hace una propuesta, decisiva para la futura creación del Museo Pedagógico de Aragón, consistente en dejar la dirección del CEP y seguir en comisión de servicios con el cometido de crear la institución museística sobre la historia de la escuela que Rafael Jiménez llevaba años ideando. El camino, que llegará a buen puerto, estaba abierto.

¿Cómo se te ocurrió esto? (pp. 31-36), le preguntó un amigo hace poco tiempo saliendo del Museo de Huesca. "Me parece recordar que en principio le dije que dentro del mundo de la museología en nuestro país yo al menos notaba un gran vacío de centros que presentaran el hecho de enseñar y aprender, su evolución en el tiempo y los materiales y recursos utilizados. Si bien la época de la infancia se contempla en algunos museos etnográficos..." (p. 34)

Pero, precisando más, Los comienzos de la aventura (pp. 37-42) estarían en relación con el ambiente de ilusión por los cambios creado en el profesorado, tras la larga y brumosa etapa de dirigismo anterior. La administración educativa dio la oportunidad en los años ochenta del siglo pasado de poder formar equipos y grupos de profesores que investigaran alrededor de proyectos surgidos de abajo. Bastantes trabajos realizados en este ambiente resaltaban las posibilidades de aprovechamiento didáctico que ofrecían los museos. "En esta dinámica y sobre estos contenidos surgieron diferentes grupos y seminarios de trabajo que empezaron a investigar, a recoger testimonios orales, documentos y materiales escolares ya desechados." (p.39) Así, en numerosos puntos de España se realizan, por parte de grupos de docentes, exposiciones sobre la escuela de otros tiempo, convirtiéndose en algunos casos después en exposiciones permanentes (Albacete, Palencia, Mallorca...). Aunque desde el Ministerio no se dictaron normas sobre este particular, lo que hubiera sin duda favorecido la creación en todos los lugares de instituciones para la conservación del lo que ahora ha venido en llamarse patrimonio histórico-educativo.

En Huesca también se produjo esa simbiosis entre La formación del profesorado y el museísmo (pp. 43-50). Una llamada a la conciencia de Rafael Jiménez fue el abandono en el patio de la Residencia de Niños de un armonio de considerable tamaño. Mirarlo desde las dependencias donde en ese edificio estaba el CEP "me producía, cada vez que lo veía desde una de las ventanas, una cierta desazón y un extraño sentimiento de mezcla de soledad y melancolía. Intentaba imaginarme quién lo habría tocado, qué melodías, seguro que religiosas, habrían sonado de él un día y otro día." (p. 44) La desazón por el abandono de algo que en el pasado tuvo vida le llevó a conseguir a Rafael Jiménez, así nos lo cuenta, que le abrieran el desván del viejo edificio. Y allí encontró, efectivamente, y como sospechaba, materiales escolares almacenados: mapas, pupitres, una salamandra... Pero no siempre será tan fácil.

Porque El patrimonio histórico educativo (pp. 51-56) no estaba protegido por normativa alguna (fue abandonado por la administración educativa sin, en la mayoría de los casos, documentar la situación jurídica en la que quedaban dentro de los edificios los materiales que eran de su propiedad) y había que actuar adaptándose a las circunstancias de cada caso para intentar su rescate.

De esta manera, un tanto a ciegas, apoyándose unas instituciones en las experiencias de las otras (la SEPHE, Sociedad Española para el Estudio del Patrimonio Histórico-Educativo, ha jugado un importante papel en ello), señala Rafael Jiménez, se ha comenzado la tarea recuperadora en varios lugares de España donde existe interés en ello por parte de la administración educativa, aunque esas actuaciones estén llevándose a cabo cuando el proceso de deterioro está ya muy avanzado.

Pero los aspectos procedimentales se realizan sobre objetos que constituyen en la infancia de todos nosotros, sin excepción, los Posos de recuerdos (pp. 57-66). Como el emocionante poema escrito por Rafael Jiménez con el que se inicia el capítulo; el reencuentro con su vieja cartera escolar de cartón abandonada en un arca apolillada en el fondo de la falsa de su casa cuando con sus padres abandonó el pueblo donde vivían. Pero los actuales dueños de la casa, hoy reconvertida en hotel, "¡No me quisieron dar la vieja cartera de cartón y cerraron el arcón con un lamento seco de la tapa!" (Rafael Jiménez debería decirnos el nombre del hotel con dueños tan poco "recomendables", para no correr el riesgo de, por azares del destino, alojarnos allí en alguna ocasión).

Como la tapa del arcón, se fueron cerrando muchos otros recuerdos, que ahora se reabren en estas páginas. Uno de esos que vuelven es el de Berdún, pueblo en el que su padre ejercía entonces de maestro. En "una Semana Santa, de esas ásperas y desabridas frecuentes en nuestra tierra", el edificio escolar, que también era su casa, ardió. Y el fuego se llevó, más rápido que el tiempo, el mobiliario escolar y los libros desde los que salían en las lecturas escolares los mil y un héroes -guerreros y nobles-, pero también, en ocasiones, niños como ellos. Uno de éstos, el José Vicente del relato "¡No pesaba!", en Así son nuestros niños, con el cadáver de su hermanito Luis a la espalda cubierto por la nieve.

El trabajo de Rafael Jiménez, con la creación de un museo del pasado de la escuela como meta, estaba encarrilado. Pero en esos Tiempos de luchar por lo evidente (pp. 67-78) siguieron las dificultades provocadas por la falta de una clara definición de la propiedad de los objetos que se intentaba recuperar. Por ello, "empecé al principio por solicitar de Fernando Elboj, en aquella época Director Provincial de Educación, algún tipo de permiso o credencial para poder presentarme a alcaldes solicitando el préstamo o la donación de los materiales existentes en las escuelas cerradas. Se me hicieron unos oficios, en principio para dos pueblos de cerca de Huesca donde yo sabía que quedaban materiales no suficientemente cuidados. Pues bien, no hubo manera de poder conseguir nada." (p. 69). Los métodos ortodoxamente "administrativos" no funcionaban. Era más conveniente adaptarse a la situación de cada lugar. "Aunque creo haberlo dicho en algún otro momento, fue lamentable que no se hiciera una labor de rescate y salvaguarda de todos estos materiales en el momento en que se cerraban las escuelas y éstas se reconvertían en centros sociales, de consulta para el médico y hasta en casas de turismo rural." (p. 70)

En algunos pueblos, incluso, la tarea de rescate de los objetos que fueron propiedad de la administración educativa provocaba en ciertas personas reacciones cercanas a lo delictivo, casi siempre con el repetido argumento, de dudoso valor jurídico (que en Cantabria también nos hemos encontrado trabajando en situaciones similares para nuestra Consejería de Educación), de que "esto siempre ha estado en el pueblo". A Rafael, incluso (a nosotros, por suerte, nunca nos ha sucedido), un "malcarado" tiempo atrás, cuando todavía era director del CEP, en un pueblo cuyo nombre no quiere citar, le cruzó su tractor a la salida del pueblo, a pesar de no haber cogido nada de la vieja escuela. Solo la amenaza de avisar a la Guardia Civil, nos relata, le hizo al citado individuo dejar el paso franco.

Y, mientras tanto, compagina Rafael Jiménez el trabajo de rescate de objetos con exposiciones en la provincia de Huesca y en otros muchos lugares de España.

Cientos de visitas a escuelas abandonadas o en funcionamiento, llamadas telefónicas, conversaciones con informantes... configuraron su trabajo en Los densos años noventa (pp. 79-88). Entre las colaboraciones en conmemoraciones y exposiciones, destacar lo aportado a la celebrada en 1992 en la Biblioteca Nacional de Madrid titulada El libro y la Escuela, en la que también colaboraron personas tan importantes para el patrimonio histórico-educativo como Manuel de Puelles, Alejandro Tiana, Agustín Escolano, Juan González Ruiz...

Siempre el libro fue protagonista de las escuelas; de alguna manera, su objeto central. Libros de la escuela de antes (pp. 89-98), tan diferentes a los de ahora, con los que Rafael Jiménez se nota que tiene una relación muy especial, por como habla de ellos, de sus formas y sus contenidos: "Revisar y curiosear sin prisa los viejos libros escolares depara una sucesión continua de hallazgos y sorpresas." (p. 95) Libros adaptados a cada época, ya que la política del momento exigía la Modificación y reconversión de textos (pp. 99-106). Modificaciones y reconversiones que Rafael Jiménez nos ilustra en este capítulo con varios ejemplos, como las sufridas en el muy conocido El libro de España.

Y Rafael Jiménez vuelve a sacar de su bolso de las ideas más detalles del traslado del CEP de Huesca a una nueva ubicación, al ya citado antes Colegio "Sancho Ramírez". La escuela de ayer en una escuela actual (pp. 107-118), porque en ese colegio, inconfundible por su llamativo color morado y pistacho, hay que reubicar los materiales ya muy numerosos del pasado de la Escuela. Pero esta vez se colocan los mismos, por fin, en forma de exposición permanente digna, que contemplaban las decenas de profesores y profesoras que iban a realizar actividades formativas en el CEP. Aunque poco a poco los visitantes ya no fueron siendo los "obligados", por venir a esas actividades de formación, sino que llegaban muchos que específicamente venían a ver la exposición. Entre ellos, grupos de escolares, de alumnos de Magisterio y, también, especialistas en historia de la educación, como Vicente Peña, encargado de poner en marcha por entonces lo que más tarde sería el MUPEGA, Museo Pedagógico de Galicia de Santiago de Compostela.

Prosigue el incesante trabajo de búsqueda: Aso, Yosa y Betés... (pp.119-128), Fanlo, Lupiñén, Monflorite... Tejados caídos, polvo, frío y calor. Y más colaboraciones en exposiciones, como la realizada en la Feria de Antigüedades de Barbastro, en la que la azafata que le asignaron a Rafael Jiménez para controlar junto a él los materiales resultó ser, casualmente, nieta del niño que, muchos años atrás, había realizado uno de los cuadernos escolares que allí llevó Rafael, cuaderno que forma parte de los fondos actualmente expuestos en el Museo Pedagógico de Aragón.

Un cuaderno con muchos años, un testimonio de alguien que, ya anciano, recuerda su pasado escolar, pueden ser el hilo conductor para recuperar todo Un siglo de escuela. La lenta modernización (pp. 129-140). Desde las propuestas regeneracionistas de Joaquín Costa para el sistema educativo, allá por 1899, hasta el comienzo de la Guerra Civil en esta primera etapa. De un cuaderno escolar de Zaragoza salen comentarios al golpe del general Primo de Rivera; de un alumno de aquellos tiempos de Alcalá de Gurrea, "las salidas al campo y las clases y lecciones, a lo mejor ocasionales, pero eminentemente prácticas, sobre Geografía, utilizando la tierra y el agua del entorno y de Ciencias de la Naturaleza, pegadas a la realidad y al momento..." (pp. 137-138) Rafael Jiménez enlaza aquí, al hilo del recorrido por ese pasado de la historia de la Escuela española, la cotidianeidad machadiana del aula, y su monotonía de la lluvia tras los cristales, con decisiones políticas, avances y retrocesos, decretos...

La segunda de las etapas de la educación en España a lo largo del siglo XX está marcada por Ilusiones, pasiones y miedos (pp. 141-154). Un magnífico poema del propio Rafael Jiménez titulado "Batallón de la pluma" ilustra lo que fueron estos tiempos de guerra. Otra vez el cuaderno escolar reflejando la actualidad, desgarradora actualidad en este caso. Dice la niña de Abiego que lo redactó que "ahora está pasando España por una de las revoluciones más grandes y sangrientas que se han conocido en el mundo". Dos bandos, dos Españas, dos concepciones educativas. Y uno de los dos bandos ganó: las comisiones de depuración; y "se taló el 'vivero´ de esperanzas plantadas y se labró después encima intentando enterrar hasta las raíces ideológicas de la nueva Educación pretendida." (p. 153)

En la posguerra, a pesar de la propaganda, había que Enseñar en tiempos revueltos (pp. 155-166). "La Escuela de después de la guerra civil es un continuo querer borrar lo hecho antes, en una situación general de carencia de todo tipo de medios y recursos, de maestros y de escuelas." (p. 155) Pero también el franquismo, y la escuela franquista, irán evolucionando: del falangismo a la influencia de la Iglesia, y de ésta a la "tecnocracia política".

Cita Rafael Jiménez que tuvo la oportunidad de conocer personalmente en Pamplona en los años noventa al que fuera ministro de Educación y uno de los que más contribuyeron a la lenta normalización de la enseñanza escolar durante el franquismo, Joaquín Ruiz-Giménez.

Ley General de Educación del 70 -con sus dificultades de implantación-, la muerte de Franco, el inicio del sindicalismo docente -en el que se integra de manera comprometida Rafael Jiménez-, los Movimientos de Renovación Pedagógica, los CEIRE, los CEP, la llegada del PSOE al poder...

Surge Una escuela distinta (pp. 167-176), fruto de un pacto entre tendencias diferentes, lo que dio, lógicamente, resultados desiguales.

En la reforma educativa por venir participa activamente Rafael Jiménez, al ser, primero, el coordinador de la misma en el Ciclo Superior de EGB del Colegio "Pío XII" de Huesca, donde ejercía entonces, y, más tarde, coordinador provincial de la Reforma en Huesca.

Sorprende los cometidos tan diversos que es capaz de abordar Rafael Jiménez con una gran naturalidad. En éste que asume de coordinador de la Reforma son "los debates, discusiones y conclusiones..." en reuniones y más reuniones, en viajes a Madrid... Y siempre la reflexión, la mirada general: "¿Para qué sirvió aquel conjunto de experiencias en diferentes tramos educativos? ¿Qué quedó de ellas?" (p. 172)

Nuevas tecnologías, nuevo papel de los maestros y de la Escuela. Pero los niños son siempre, de alguna manera, los mismos. Recuerdos de las tres participaciones en la Feria del Libro de Huesca (1997, 1998 y 1999). Muchos visitantes, familias enteras "endomingadas", inevitables fotografías de niños que dejaron de serlo sobre alguno de los pupitres. Pero sí es posible detener su edad en El libro de las miradas (pp. 177-186), como la de los ojos de los niños que, uno a uno, cita por su nombre Rafael Jiménez, incluida su nieta Lucía, en el libro que todos los alumnos de la clase le dedicaron a su profesora: "He pensado, que en ese instante en que la mirada de cualquier niño o niña se cruza y se abraza con la de la maestra o maestro, el tiempo se detiene y se borran por unos instantes los temores, las preocupaciones, los malos ratos, el cansancio... Un instante eterno y viejo como el mundo. Miradas de niños abrazando y besando otra mirada. La de la maestra o del maestro y que, como una noria, sacan del pozo de las profundas y aquietadas esperanzas e ilusiones, como el agua imprescindible que perpetúa la vida y la escuela." (p. 185)

Pero, a pesar del compromiso y dedicación de Rafael Jiménez a finales de los noventa con la reforma educativa y la consecuente formación del profesorado, en su horizonte vital está la creación del Museo.

Más exposiciones -Arascués, Artieda, Tarazona, Borja, Valdemoro, Sos del Rey Católico, adonde llega Rafael Jiménez sin quitarse tan siquiera El pañuelo verde (pp. 187-198) que se pone año tras año durante las fiestas de Huesca...- Más visitas de personas de distintos lugares de España interesadas en conocer lo que en Huesca se estaba realizando sobre el patrimonio de la Escuela del pasado. Como Aurelio y Olatx, entonces trabajando en la creación de lo que en la actualidad es La ruta obrera de Legazpia (Guipúzcoa). O la relación con Salvador Berlanga, entusiasta creador en Alcorisa de una exposición permanente sobre la escuela de otro tiempo en el Centro de Interpretación de esa localidad turolense, y que tuvimos el placer de que nos visitara en el CRIEME de Polanco el verano de 2009; también con biografía paralela a la de Rafael Jiménez, duplicando, que tampoco dividiendo, en este caso su dedicación entre las educaciones ambiental y para el consumo y la historia de la Escuela.

El último curso como director del CEP de Huesca (2001-02), sigue Rafael Jiménez con su frenética actividad, en la doble vertiente señalada. Aunque poco antes, en octubre de 2000, ya pudo entrever el final del proceso por la noticia de que El Museo llega a las Cortes de Aragón (pp. 199-206). Un proyecto para la ubicación del futuro Museo en un emplazamiento, el antiguo convento de La Merced, después descartado, la maleta didáctica viajando por varios lugares, una exposición en Ciempozuelos, otra en Zaragoza. Había sido a través del diputado regional Gonzalo González, de la Chunta Aragonesista, y en forma de Proposición no de Ley, cuando llegó a las Cortes de Aragón la posibilidad de hacer el tan buscado museo. Señaló el diputado, ante las Cortes, que "el objetivo de esta iniciativa de nuestro grupo parlamentario es muy simple y muy claro: es instar al Gobierno de Aragón para que dote de recursos a una iniciativa que nació, se ha ido desarrollando, ha ido creciendo, como es el Museo de Pedagogía de Huesca..." Tras la intervención de otros diputados y diputadas de los diferentes grupos parlamentarios, la propuesta fue aprobada por unanimidad. El camino estaba allanado, y a Rafael Jiménez le sirve de "inyección de moral y de esperanza" (p. 204), aunque aún quedarían por delante casi seis años en los que muchos y variados problemas deberían ser resueltos.

Y un día, no recuerda exactamente Rafael Jiménez la fecha ni la forma, el Ayuntamiento de Huesca ofrece como lugar para ubicar el Museo el antiguo mercado de la céntrica plaza López Allué.

En septiembre de 2002, en Un nuevo curso. Una etapa nueva (pp. 207-216), ya está instalado Rafael Jiménez en su tarea de creación del Museo Pedagógico, dejada su responsabilidad como director de CEP, responsabilidad que asume su buen amigo Enrique Satué, también apasionado por la museología. Rafael realiza su trabajo en el mismo edificio del CEP, junto a sus antiguos compañeros, con los que incluso comparte despacho.

Elabora Rafael Jiménez una programación del trabajo que se debería realizar, y que culminaba a finales del curso 2004-05. Pero el tiempo de dedicación al objetivo de creación del Museo debe mezclarse con más exposiciones en diversos lugares, más préstamos de materiales, charlas, asistencia a congresos (Palma de Mallorca, Burgos)... En esta última ciudad, durante aquellos días de junio de 2003, en los que "llegué a pasar casi frío", se constituyó la Sociedad Española para el Estudio del Patrimonio Histórico-Educativo (SEPHE), que preside en la actualidad Julio Ruiz Berrio. Y mezclarse, también, el objetivo principal con el trabajo para la creación de un pequeño centro, como extensión del proyectado en Huesca, dedicado a la escuela rural; en concreto, en el pueblecito de Linás de Marcuello, a treinta y un kilómetros de la capital. Y sin olvidar el proceso de transferencia de materiales: Bolea, Capella, Peraltilla (el fondo reunido por el, citado al principio, inspector Ricardo Gutiérrez).

Nidos vacíos... Linás de Marcuello (pp. 217-230), pequeño pueblo rodeado de lugares de renombrado interés nacional e internacional (Riglos con sus mallos, el castillo de Loarre...). Era lugar ideal para, piensa Rafael Jiménez, crear una extensión del Museo Pedagógico que reflejara en concreto a tantas escuelas unitarias desparecidas: "aquella Escuela áspera y difícil, presente e importante durante muchos años, desperdigada y medio olvidada por nuestras tierras más duras." (p. 220)

De Linás de Marcuello ya había hablado Rafael Jiménez al principio de este libro en relación con su participación en la elaboración del itinerario didáctico La ruta Cajal. En las afueras de Linás de Marcuello, como relata en su libro Mi infancia y juventud don Santiago, se libró un choque cruento que él presenció entre liberales y moderados en 1867.

Los destinos como docentes en aquellos pueblos sin luz ni agua corriente eran auténticas condenas, a las que sobre todo se vieron sometidas las maestras. Como la sevillana que recaló en Escartín y que escribía en las paredes de la escuela (se lo contó a Rafael Jiménez su amigo Enrique Satué, y una foto de las anotaciones aparecerá en la página 68 del libro Escuelas. El tiempo detenido, al que luego nos vamos a referir), como un encarcelado, sus sufrimientos desde 1952. Aunque la última frase, la de la deseada salida del pueblo, es de pena por dejar ese lugar y sus niños (9 de junio de 1961).

El edificio de la antigua escuela de Linás de Marcuello se recuperó con una subvención de la Diputación Provincial de Huesca.

Los trabajos comenzaron en 2003, respetándose el aspecto original del edificio en su exterior y la distribución que tenía cuando se daba allí clase en su interior. Y, tras la rehabilitación, el trabajo de colocación de los materiales y la cartelería. Hasta que el 17 de mayo de 2004 se abrió al público con el nombre de Centro Museístico La escuela rural. Y el 31 de julio de ese mismo año se estrenó en el pueblo, con más coches de los que nunca allí había habido a la vez, la obra de teatro dirigida por Luís Casáus El florido pensil.

Y la vida como un constante volver a donde se había estado, como si el tiempo no discurriera. Ahora a Uncastillo, al día siguiente de la representación teatral de Linás. En Uncastillo estuvo trabajando de maestro Rafael Jiménez de 1966 a 1977. Todo en el colegio estaba casi igual, le parece a Rafael, que no había vuelto a entrar en aquel edificio desde que se trasladó. Allí estaba el museo etnográfico que había ido formando con los alumnos hacía casi treinta años... Sí, parecía que todo estaba igual, pero el tiempo había pasado.

Y llega el día. El Museo Pedagógico de Aragón se inaugura, haciendo coincidir el acto con El día de los museos. Mayo de 2006 (pp. 231-240). El final de un largo camino.

Había tenido que luchar a última hora Rafael Jiménez con el intento de desvirtuar su idea de museo mezclándolo con otro sobre la impresión. Expone sus argumentos, sale ganador. La consejera de Educación, Eva Almunia, y el alcalde de Huesca, Fernando Elboj, firman un convenio de colaboración donde ya no hay ambigüedades: el museo será solo pedagógico.

A partir de ahí, y una vez elegida la empresa que llevaría a cabo los trabajos de musealización, todo va muy rápido: selección de materiales, restauraciones, elaboración de los textos...

El 15 de mayo de 2006 se publica el Decreto de creación del Museo Pedagógico de Aragón. Rafael Jiménez, en ese decreto, es nombrado Director Honorario del Museo.

Hasta las cinco y pico de la mañana del día de la inauguración trabaja Rafael Jiménez en su montaje: "iba con el cuerpo dolorido y como roto. Me escocían los ojos y la cabeza parecía que iba a estallarme" (p. 238). Los de la empresa de museografía, ni duermen.

Autoridades, saludos, discursos... El Museo Pedagógico de Aragón, fruto de tantos kilómetros al volante, caminatas, conversaciones con unos y otros, impagables colaboraciones, desvelos, disgustos es ya una realidad.

Se ha llegado al final, a uno de esos finales parciales, que no el definitivo, que van conformando nuestras vidas: El 30 de junio de 2006 los primeros visitantes entran en el Museo Pedagógico de Aragón.

Cuanto más interés se tiene en un proyecto, en el sentido de "proyectil" que es nuestra vida lanzada hacia delante, más conciencia de fin se tiene cuando el objetivo se ha logrado.

Y con el objetivo material cumplido, Rafael Jiménez, en esta Primavera tarda (pp. 241-250), como las que recuerda Machado de Soria desde la lejanía física que él tuvo que buscar en Baeza, rememora ya con la calma de un importante objetivo finalizado más sucesos de su recorrido vital: los comentarios de los visitantes al nuevo museo, las publicaciones que en él van elaborando, más participaciones en exposiciones, préstamos de materiales... En la segunda de las publicaciones que realizan, Escuelas, el tiempo detenido, escribe el propio Rafael Jiménez un emotivo -como todo el libro- capítulo titulado "Tiermas. Hubo un pueblo y una escuela". Enrique y José María Satué, Víctor Juan (director del Museo Pedagógico de Aragón), Salvador Berlanga, entre otros, también colaboran en el libro, con prólogo de Julio Llamazares.

Rememora también Rafael Jiménez la asistencia a las II Jornadas científicas de la Sociedad para el estudio del Patrimonio Histórico-Educativo celebradas en Berlanga de Duero en mayo de 2007, en el CEINCE (Centro Internacional de la Cultura Escolar). Allí, su director, Agustín Escolano, les preparó a los participantes algunos recorridos por los alrededores (el Cañón del Río Lobos, El Burgo de Osma, San Baudelio de Berlanga): "Sentí, al marcharme de Berlanga, la sensación indefinible, vivida en muchas ocasiones, de haber conocido a personas y lugares con los que me había sentido muy bien y que no sabía si volvería a ver de nuevo." (p. 245)

En julio de ese año 2007, comenta Rafael Jiménez que estuvo en Santander para visitar el Centro de Recursos, Interpretación y Estudios de Polanco. Juan González, entonces director de ese centro, estaba de vacaciones fuera de Cantabria, y le enseñamos el centro, y le explicamos el trabajo que allí realizábamos para la Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria, Ana, José Miguel y yo.

Habíamos estado los tres conociendo el Museo Pedagógico de Aragón en septiembre de 2006. La amabilidad con la que Rafael Jiménez nos recibió allí siempre la recordaremos. Yo estuve un día, porque iba de camino a unas jornadas en Uncastillo, y mis compañeros Ana y José Miguel estuvieron justo el día siguiente, ya que llegaban desde Zaragoza tras finalizar la asistencia a un congreso que allí se había celebrado.

Yo "me escapé", intentando que no se notara mucho, a ver con calma de nuevo el Museo, porque la visita que hicimos todos los asistentes fue "algo rápida" (p. 255), durante una sesión de las III Jornadas científicas de la SEPHE de octubre de 2008 que tuvieron lugar en Huesca. Y, recientemente, camino de las IV Jornadas, celebradas en Vic, volví a visitar el Museo, esta vez junto a nuestra compañera de Polanco Isabel Blanco.

Y el recorrido de La escuela en la memoria llega a su final, porque ahora, en este Otoño de 2009 (pp. 251-274), el pasado se junta ya con el presente.

En la última página del libro, Rafael Jiménez da por finalizado su itinerario por "este empeño, el trabajo y aventura de la creación del Museo Pedagógico de Aragón" en un otoño, el de 2009. Y él se ve en "el otro otoño de una dedicación, de un trabajo, de una profesión que dejo, aunque con la voluntad y la esperanza de que las ilusiones no sean como las hojas muertas que veo caer ahora, sino algo perenne que retarde algo la llegada del invierno."

A pesar de que, como palabras, queden realmente poéticas, no son en absoluto ciertas.

Nada de otoños, porque Rafael Jiménez tiene mucho que decir en el mundo de la conservación del patrimonio histórico-educativo.

Él mismo nos da la pista en este último capítulo al describir el trabajo que está realizando en la musealización de la antigua escuela del pueblo de Peñas Royas, en la provincia de Teruel.

Le decíamos públicamente a Juan González, director del Centro de Recursos, Interpretación y Estudios de Polanco, durante el homenaje por su jubilación, que lo de que ahora le esperaban años de intenso trabajo no era el tópico vacío que se repite en actos de esas características, sino una obviedad. Y a fe que el tiempo nos ha dado la razón, por el número de sus investigaciones que están viendo la luz. En nuestro próximo número de Cabás haremos una reseña de su reciente libro Viaje apasionado por las escuelas de Cantabria.

Lo mismo le decimos a Rafael Jiménez, en este foro público que también es Cabás; que, veleidades poéticas aparte, tiene que seguir trabajando, porque la conservación del patrimonio de lo que fue la Escuela de otro tiempo le necesita.